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The BeatlesLa primera vez que escuché a los genios de Liverpool era un polluelo lampiño de apenas 14 años de edad; Hey Jude fue la carta de presentación con la que estos cuatro grandes de la música invadieron mi mundo adolescente, llenando de luz ese bosque umbrío de la inspiración que no se atrevía a gritarme en el cerebro que también era capaz de escribir.

Había crecido escuchando canciones románticas, disco, salsa y cumbia pero fue Raúl –compañero de aula en la secundaria- quien un buen día enterado que mi padre acababa de comprar un súper equipo reproductor de música se apareció por casa con dos LP de The Beatles. Apenas vi en la carátula a unos barbudos desaliñados me sentí incomodo pero era mi mejor amigo y no podía ser descortés. En una de las portadas los músicos cruzaban una pista, y en la otra posaban parados en un viejo portón.

Emocionado, “Lucky” –así lo apodábamos- desenfundó el primer LP, colocó aquel enorme circulo de vinilo en el tocadiscos y los acordes de “Hey Jude” empezaron a sonar, lo demás fue magia. Terminada la canción cambió el disco por el segundo y “Come Together” retumbó en toda mi sala; acababa de ingresar al universo de los “Beatlemaniaticos”.

Al fondo las imponentes islas, grandes embarcaciones cruzando frente a ellas, un mar en calma reventando tímidamente en la orilla, el sol de verano brillando agresivamente sobre la bahía, y nosotros observando, parados tras la ventana de mi casa en pleno viaje astral, desdoblados volando por el cosmos sin necesidad de un porrito, guiados solo por la música de los genios; ambos en pleno éxodo rompiendo por un instante el cordón umbilical con la realidad.

Hoy estuve viendo una colección de DVDs de la historia de The Beatles (10 horas de duración) y caí en cuenta que cuando tenia 7 años de edad este grupo acababa de separarse, fue después de 7 años de su separación cuando los escuché por primera vez; la colección de DVDs la compré en el 2002 y después de 7 años nuevamente la he vuelto a ver, solo espero que no pasen 7 años para poder asistir a un concierto de Paul McCartney. El CD que más termino por agradarme ha sido él ultimo que grabaron: Let It Be.

Luego me enganché con muchas otras bandas de rock, últimamente con Maroon Five y Franz Ferdinand pero The Beatles es The Beatles.

“Hey Jude, no lo hagas mal, / Toma una canción triste y mejórala, / Recuerda dejarla dentro de tu corazón / Y luego puedes empezar a hacerla mejor.” (The Beatles)

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recien nacido fotoCuando se es joven uno siente que  tiene el mundo en un puño, pensamos que todo es divertirse, enamorarse y ser feliz. Pero los años nos empiezan a caer encima y con ellos un sin fin de nuevas responsabilidades vienen a llenar aquella maleta que nos toca cumplir en la vida. Muchas veces el temor a lo desconocido, la inexperiencia, conlleva a que se tome decisiones erradas que después se quisieran corregir, es en ese momento cuando se toma conciencia que una vez cruzado el puente de la adolescencia, juventud y el ser adulto ya no hay marcha atrás.

Para ser feliz hay que cerrar ciclos porque de lo contrario nos sentiremos incompletos, inconformes con nosotros mismos. Yo tengo uno que jamás veré culminado, tal vez estoy siendo demasiado realista, quizás estoy equivocado pero es haberme sentido realmente papá. Un amigo me dijo hace algún tiempo “aun estas joven y si no me equivoco todavía activo”, le respondí que “todavía puedo procrear pero hubiera querido tener un hijo(a) para verlo crecer, no solo para que me vea envejecer”. Aunque tengo una hija a la que quiero mucho, ella nunca estuvo junto a mí físicamente solo dentro de mi corazón.

¿Cómo se habría llamado? Camilo(a), según el sexo, siempre me gustó ese nombre después de Karina lógicamente. Muchas veces me soñé viéndolo(a) crecer, ser parte de su historia, convirtiéndome en su súper héroe, en el hombre que todo lo puede, en su ejemplo, sin que sospechara que yo solo era lo que quería que él o ella fuera en la vida: la mejor persona.

Hace varios años mientras trabajaba en un inmenso horno dentro de una fábrica procesadora de pescado le compuse este intento de poema al hijo(a) que esperaba llegara algún día:

Si algún día te llegara a conocer
te llevaría cerquita de mi pecho
para que sientas lo mucho que te quiero
y cómo la vida me cambia por ti.

Si algún día te llegara a conocer
te llamaré quizás ¡Campeón!
O mi más bella ¡Princesa!
Te robaré cada uno de tus besos o
me darás alguna trompada en la cabeza.

Si algún día te llegara a conocer
será porque Dios ya perdonó
el peor de los pecados
que en la vida
por mucho tiempo me atormentó.

Tengo la esperanza que en el futuro alguno de mis nietos lleve el nombre que se quedó guardado en mi alma para él que nunca llegó. Por ahora soy el sabelotodo, el amigo, el mago de mis sobrinos Jared y Brian que supieron despertar con su inocente confianza el lado paternal que largamente estuvo invernando dentro de mi, aunque a veces esto ha estimulado sanamente algunos celos.

La vida juega ¿quién la comprende? Por más deseos las cosas siempre son diferentes.

 
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tapabocaCiertamente el tema de la influenza porcina no es para bromear pero en mi caso es inevitable hacer una pequeña reflexión a mi manera. Cada diario -sea del país que fuera- siempre trae algo nuevo con que desequilibrar nuestro estado emocional y terminar comiéndonos las uñas por el nerviosismo que nos despierta. Al final los más beneficiados con toda esta situación son los medios de comunicación amarillistas que intentan encontrar algún mensaje escondido dentro de las centurias escritas por Nostradamus que nos revele algo, o recurren a la Biblia como fuente de ayuda para explicar lo que está sucediendo en el mundo.

Esta es una oportunidad que los representantes católicos, cristianos, evangélicos, mormones, testigos de Jehová, ortodoxos, protestantes, etc. no dejaran pasar para recordarnos que el Apocalipsis cabalga raudamente hacia nuestro presente y que la batalla entre el bien y el mal ha empezado. Volverán a enumerar las guerras, a recordar el SIDA, el calentamiento global y ahora la influenza porcina como el inicio de la cuenta regresiva hacia la extinción de nuestra especie. Y que aun estamos a tiempo de expiar nuestros pecados, de arrepentirnos de todo lo bailado.

Por otra parte puedo presagiar que vamos camino a convertirnos en vegetarianos ¿qué no? ¡Claro que sí! Bastaría con dar un repaso a las enfermedades que han atacando al tipo de carne que consumimos: Res (vaca loca); Ave (gripe aviar); Pescado (el colera); Porcino (influenza porcina); Y al ser humano el SIDA.

Creo que con la influenza porcina se establece un antes y un después dentro de las relaciones personales porque si antes te saludabas con un beso en la mejilla ahora no puedes ya que corres el riesgo de ser contagiado, y qué decir de esos lengüeteos o copulaciones labiales que poco a poco serán parte del recuerdo, quedando como una sana alternativa para demostrar nuestro afecto los “besos volados”, aunque por si acaso los debamos esquivar, no resulte que el virus aprenda a volar y nos jode la salud.

Imaginémonos en el tálamo, allí donde los problemas se solucionan, donde el idioma no importa, donde la excitación y el amor nos manejan como títeres, ambos con mascarillas desechables: Ella con un tapaboca de un color rosa y él con su tapaboca de color azul más el añadido del condón de otro color; de seguro ésta variopinta situación echaría por tierra la atmósfera de sensualidad que debería reinar en la habitación ¿o no?

Esperemos a ver que sucede dentro de seis meses que es el tiempo que los científicos en epidemiología demorarán en encontrar una vacuna para protegernos de ésta nueva enfermedad, por ahora nos toca cumplir con las indicaciones del ministerio de Salud de cada país y educar a nuestros hijos, hermanos, padres, amigos, vecinos y pareja sentimental en el hábito de la limpieza. 

 

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Peruanos en el Japón.

bandera-peruanaEl único punto de referencia que el pueblo japonés tenia del Perú era indiscutiblemente el majestuoso Machu Picchu o las misteriosas líneas de Nazca. Pero la popularidad del país que me vio nacer y que quizás no me verá morir creció con la llegada del ex presidente Alberto Fujimori al gobierno peruano. ¿De qué país eres? Del Perú. ¡Ah… Fujimori san! ; era el clásico dialogo, aunque aisladamente por ahí alguien terminaba hablándome de la grandeza del imperio inca, en ese momento henchido de orgullo respondía con un emocionado ¡Sí!

Eran tiempos en que la comunidad peruana, segunda colonia latina más grande en este país, estaba conformada básicamente por obreros -algunos con estudios profesionales-; hombres y mujeres decididos a salir adelante, compatriotas emprendedores que venciendo la gran barrera cultural y del idioma fueron surgiendo de a poco en este país que en un principio generosamente nos abrió sus puertas brindándonos la oportunidad de pensar en un futuro mejor.

Los primeros inmigrantes una vez establecidos en esta isla asiática empezaron a traer a la familia: esposa, hijos, hermanos. Lentamente todos fueron integrándose a su nueva vida: los menores en la escuela y los mayores en su centro de labores. Con ellos un nuevo capitulo empezaba a escribirse no solo entre los peruanos sino también dentro ese universo de nacionalidades que pujantemente avanzaban con firmeza por alcanzar las metas trazadas.

Muchas veces a esta nueva generación solía decirle “ustedes no tiene porque repetir nuestra historia, nosotros fuimos la generación de los obreros pero ustedes tienen que ser la generación de los profesionales solo así sentiremos que el esfuerzo realizado no fue semilla sembrada en el desierto”. Hoy tengo la alegría de ver que dos jovencitos a quienes conocí desde pequeños son profesionales en diferentes especialidades, hijos de ex compañeros de trabajo.

He visto crecer niños peruanos con un futuro prometedor; familias que han detectado necesidades y gracias a ello crear pequeñas empresas; compatriotas que han logrado desarrollar su potencial profesional dentro de empresas japonesas; obreros que “se pusieron la camiseta” y aprendieron a manejar tan bien la calidad como algo propio; personas que han venido a dejar su fuerza y juventud haciéndole bien a éste país.

Pero no solo tenemos admirables personajes dentro de nuestra comunidad sino que también los tenemos a escala nacional, conocidos por peruanos y japoneses, como es el caso de Kaoru Morioka, reconocido como el Mejor Jugador de la Liga Profesional de Futsal de Japón en el 2008, entrevistado hasta el cansancio por todas las televisoras japonesas; también esta “Toto” Castillo, joven boxeador que acaba de ingresar al ranking japonés de la categoría Ligero de la WBA en el puesto 8 tras noquear al numero 6 del Japón Daisuke Hata; ahora podría disputar el titulo nacional antes de fin de año.

Somos muchos los que de manera sincera, honesta y licita nos hemos desenvuelto en este archipiélago, ganándonos el respeto de nacionales y extranjeros, aunque otros tantos mezquinos pretendan desconocer el esfuerzo realizado por los inmigrantes, legales e ilegales, contribuyendo en el desarrollo de Japón.

Algún día un inmigrante latino escribirá la historia de lo que fue el paraíso y la odisea de vivir en Japón, desenmascarando el mito creado en torno a este país. Por ahora seguiré contribuyendo desde este blog con mis historias.

 

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El Japón de ahora.

patrullero-japonesCon el paso del tiempo he sido testigo de cuánto fue cambiando el Japón que me recibió hace diez y siete años con el de ahora. A pesar de no tener el mismo porcentaje de inseguridad ciudadana que se conoce en otras latitudes del planeta podemos decir que la delincuencia se ha incrementado alarmantemente: asaltos, violaciones sexuales, asesinatos horrendos, prostitución infantil, etc. Diariamente este tipo de noticias se reporta a través de los noticieros televisivos y prensa escrita nacional. Crónicas policiales que no se difunden mas allá de sus fronteras porque los protagonistas son nipones.

Algo que antes habría resultado de cuento era imaginar que en este país industrializado llegara a existir una gran escasez laboral como la de ahora. Cuando la crisis mundial estalló y empezó a extenderse como reguero de pólvora, como una feroz pandemia por todo el mundo, los expatriados residentes en este archipiélago asiático jamás imaginamos el efecto devastador que tendría en las fábricas donde laborábamos. Son miles los desempleados foráneos, y otra cantidad similar que han empezado el retorno, el éxodo a la tierrita de origen.

Normalmente solíamos coincidir personas de muchas nacionalidades, cada domingo, en alguno de los centros comerciales pero ahora cualquier día de la semana es común toparnos con una gran masa de extranjeros desempleados pululando por los pasillos de estos grandes almacenes, sin dinero en el bolsillo, tan solo recreando la vista con la fastuosidad de sus escaparates.

De ser la más importante mano de obra que colaboró con el crecimiento de este país hemos pasado a ser los culpables de todos sus males. El japonés pareciera llevar en su ADN el jamás reconocer sus errores y buscar en otros al responsable de su actual falencia social, los elegidos somos los llegados desde tan lejos. Hoy la policía exige documento a cuanto extranjero se le atraviese, como si fuéramos peligrosos antisociales, ya no importa si estas legal o ilegal, solo basta que seas inmigrante para que se te acerquen rodeándote dos o tres efectivos, me recuerdan a la GESTAPO de Hitler persiguiendo a los judíos.

Hace poco la ultraderecha japonesa salió a las calles exigiéndole al gobierno que expulsara a los extranjeros porque para ellos somos los rasponsables de su actual situación, que rápido olvidaron que éramos los que trabajaban de 8am hasta las 10pm para que pudieran irse temprano a casa a reunirse con sus familiares o a encontrarse con los amigos en algún bar sin que la producción se viera afectada. Ahora sufren de amnesia, pretenden ignorar que nosotros aceptábamos realizar aquel trabajo que ellos rechazaban por ser peligroso, cansado y sucio; hoy empujados por la actual situación están dispuestos a efectuar.

Ralph Ellinson decía: “Hace falta un compromiso muy profundo para cambiar y un compromiso hasta mas profundo para crecer”. Esto es algo de lo que esos politiqueros xenofóbicos por siempre adolecerán.

Intervención policial a un extranjero en Nagoya.

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atardecer1El ímpetu de aquellos besos llenos de fogosidad nos hizo vulnerables a las ordenes excitantes del deseo, desbordándose en ambos el copioso afluente liquido seminal. Sus ojos marrón claro y los míos habían dejado de ser los de una pareja latina, eran dos líneas horizontales de un rostro oriental; ambos sonreíamos. “Te amo”, me dijo. Yo guardé silencio, observabandola fijamente, tratando de perpetuar su rostro juvenil en mi memoria. “Te quiero”, la escuché decir, yo solo la abracé. Dejamos transitar unos minutos y luego nos pusimos de pie, nuevamente nos abrazamos; el diminuto bikini amarillo cubriendo su húmedo sexo se unió a mi húmeda sunga. Abrazándola la besé a la vez que le decía “nunca te olvidaré”.

Juntos caminamos hacia una puerta de madera, color marrón, que daba a un pequeño patio compartido con otras viviendas vecinas. El piso de aquel espacio estaba cubierto con el verdor de un bien cuidado gramado. Frente a nuestra casa, en el patio, al aire libre, se alzaba una reducida habitación hecha de piedras con la apariencia de una gruta, dentro de ella estaba la ducha. Ambos nos bañamos: entre bromas y juegos sensuales sentimos nuestros cuerpos rozarse con apetito mutuo. Al término: Ella sonriendo volvió a la casa. Yo, cubriéndome la cintura con una toalla blanca, me quedé sentado sobre el gramado: observando el cielo, despejado de nubes, que parecía arder; el sol era una gran esfera naranja haciendo el amor con el mar, penetrándola lentamente; el soplo débil de la brisa marina me tocaba las partes desnudas del cuerpo como pañuelo de seda secándome la piel. El frágil sonido de pequeñas olas, hijas de un mar en calma, rompían el silencio de aquel embriagador escenario. La casa estaba sobre un acantilado desde donde se podía divisar la amplitud del océano.

Por espacio de treinta minutos recree la visión con el piélago que tenia frente a mí; después volví a ingresar a la casa. Ella descansaba desnuda bajo la sábana blanca. Desnudo me acosté junto a ella. Estiré el brazo izquierdo para que en él reposara su cabeza. Ella deslizó entre mis piernas su mano izquierda, cobijando en la calidez de su palma mi órgano viril; así se quedo dormida. Besándola en la frente también me dormí, sin llegar a decirle en ningún momento del sueño: “Te amo”. 

Al despertar, recordé lo que he relatado, sonreí y me dije: “Fue solo un sueño”.

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Fue solo un sueño.

besandoseMás de una vez he oído decir que los sueños son la manifestación del subconsciente de todo aquello que durante el o los días la persona vivió, entonces trato de interpretar lo que en estado de reposo mi cerebro escenificó. Después de hacerme un auto examen concluyo que no tiene sentido.

Bajo tres frazadas (mantas), cubierto hasta el cuello, con la calefacción encendida lentamente fui deslizándome por el invisible tobogán en el que te dejas caer sin miedo en las profundidades de ese mundo escondido dentro del inconsciente, que unas veces llega a ser un paraíso, otras un aterrador infierno. Una explosión de alegría o una dolorosa depresión que te desbordan los canales lagrimales.

Soñando, me vi en un pequeño departamento de dos habitaciones con paredes blancas. La puerta de ingreso se veía maltratada por el tiempo, llevaba la pintura descascarándose, cayendo al suelo como hojas secas de un árbol olvidado por la primavera. El primer ambiente era una reducida cocina: entrando, hacia la derecha, una ventana con dos puertas corredizas, ambas de vidrio en marcos de aluminio; debajo de esta cristalera el único lavadero pegado a un viejo repostero de madera color marrón. La luz que se colaba por entre los vidrios era intensa, sin llegar a ser cegadora, el escenario añejo se apreciaba como una hermosa pintura.

En la segunda habitación, reposando, estaba ella, en una cama con el espacio exacto para dos personas: de sabanas blancas, y almohadas con fundas también de color blanco. Los rayos del sol pasaban por entre la pequeña ventana muy cerca del tálamo donde su juvenil belleza esperaba me inclinara para entregarle aquel beso que ella decía era la más valiosa colección que guardaban sus delgados y frágiles labios. Sentía que me amaba. Llevaba el cabello corto, color castaño; las facciones de su rostro: ojos marrones claro, nariz pequeña -estéticamente atractiva-, pómulos menudos; parecían esculpidos por el mas genial de los escultores. La lozanía de su piel, desnuda de maquillaje, reflejaba una gran hermosura.

Sus veinte abriles saltaban a la vista detrás de aquel diminuto traje de baño amarillo. Aquellos erguidos senos con los pezones apenas cubiertos irradiaban sensualidad. Cada parte de su cuerpo estaba bien distribuida dentro de su metro sesenta y cinco de estatura: la cintura sin un ápice de grasa, la firmeza de sus glúteos, sus dibujadas piernas; despertaban excitación.

Henchido de emoción, sonriendo con picardía, me acerqué con paso moroso hacia aquella preciosa anatomía de piel blanca, tostada por el verano. Ella, me extendió los brazos. Yo, me puse de hinojo frente a ella. Nos abrazamos. Nos besamos: La humedad de sus labios y los míos formaron un único rió caudaloso de pasión. Mi lengua buscaba con desesperada lujuria sentir la de ella, ambas intimaban; nuestras hormonas bullían descontroladamente. Aquella copulación labial nos aisló del mundo. Con los ojos cerrados viajamos a nuestro propio paraíso. Un ósculo nos convirtió en dioses capaces de controlar el tiempo y el espacio. Creadores de una felicidad desconocida por el mundo.

Continuara… 

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dsc03686Es sabida la gran fe que despierta la Virgen de Guadalupe en toda Latinoamérica. La historia cuenta que fue el indígena Juan Diego Cuautlatoatzin el elegido para tener el primer contacto con la beata mexicana más conocida en el mundo hispano. Son muchos los cantantes, poetas y escritores que le han dedicado parte de su arte para mostrarle su reverencia. Hasta el día de hoy son cuantiosos los testimonios que aseguran los milagros recibidos por esta santa mujer.

“Sabe Juan Diego que yo soy la siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios por quien se vive. Mucho quiero que se me construya una casita para mostrar a mi hijo y para darlo a todos los hombres que me invoquen. Porque yo en verdad soy vuestra madre compasiva. Para cumplir mi deseo ve al palacio del Obispo de México y dile cómo yo personalmente, yo que soy la Madre de Dios te envío”, habría sido el pedido que le hiciera la Virgen a este humilde hombre en el año 1,531..

Hoy la imagen de la Virgen Morena -como también se la conoce- que quedara estampada en el ayate de Juan Diego, se venera en la Basílica de Guadalupe, en el norte de la Ciudad de México.

Lo que nadie pudo imaginar, desde aquel entonces hasta la fecha, era que esta respetada dsc03688imagen pudiera llegar a exhibirse para su venta en un centro comercial japonés. En el mes de septiembre del año pasado me encontraba “matando el tiempo” en el interior de uno de los impresionantes locales de la cadena AEON, en la ciudad de Nagoya, observando escaparates, cuando de pronto quede inmóvil, sonriendo, tan emocionado como un acolito, pues, tenia frente a mi no solo un bonito cuadro sino que también toallas, lienzos y una camiseta manga corta que no alcancé a fotografiar porque la compraron. Mas allá de no ser un creyente -como quisiera mi familia- lo que me alegró fue ver que aquella imagen tan popular y santificada por una gran cantidad de feligreses, en el continente americano, se hallara a la vista de todo el público: Japoneses y expatriados.

virgencita

Pueden entrar a este link y conocer mas de Nuestra Señora de Guadalupe:
http://www.virgendeguadalupe.org.mx/apariciones/ilustrado/ilustrado1.htm 


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El Amor.

amorCuando observando el mar tu suspiro se va tomado de la mano con la brisa marina, y el sol se convierte en la imagen de una persona en especial, es cuando toca reconocer que estás dentro de los dominios del amor y que tu camino desde aquel momento empieza a depender de él. Son éstas cuatro letras las que convierten al “idiota en ladino, y al ladino en idiota”. Alguna vez me dijeron que el amor no da de comer pero “si te alimenta el alma y llena de motivación tus días para conseguir lo que necesitas”, respondí. El amor es la mejor vitamina del ser humano.

El amor es mágico: te cautiva; te hace volar; te ilumina la vida; te cambia los días; te ayuda a reconocer algo nuevo a cada paso, en lo mismo que hasta ayer solo era monotonía. También el amor es dolor, lágrimas, días grises, confusión. Es un revoltijo de sentimientos encontrados; tan bello y enigmático como las entrañas de la inmensidad oceánica.

Por amor muchos se convierten en héroes: lo arriesgan todo, y si pierden no se detienen para lamentarse, siguen adelante estoicamente. A otros los deja como despreciables lacras, basura hedionda, absolutos cobardes por enamorarse de otra vida y abandonar a quien esta a su lado. Los inquisidores ojos de la sociedad siempre suelen tener un cartelito listo para colgártelo.

En el complejo mundo del amor nadie tiene la verdad absoluta: todos tienen la razón, y todos a su vez están equivocados. Por él las neuronas se te pueden desquiciar; soplarte al oído que ya es hora de partir, de adelantar la despedida. O se convierte en esa voz divina que te resucita como a un Lázaro y despeja tu mente de aquellos nubarrones que empañan tu sendero hacia la felicidad.

“Cada persona que habitó en mi vida, ahora reconozco, solo fue una pequeña velita misionera alumbrándome una parte del corazón, porque cuando tú llegaste me iluminaste hasta el alma”, escribí alguna vez; pero también llegué a escribir cosas como: “amarte tanto fue mi peor error, porque de tanto sentirte amada se te olvidó amarme”. Un día puede ser el más estupendo de los vinos, y en otros el más letal de los venenos, así es el amor.

A veces pienso que el amor es un idioma complejo de entender y que solo se le sobreentiende; una palabra cuyo significado real es difícil de encontrar. Enarbolándolo como única bandera se unen personas de un mismo sexo -aunque esto lo ve mal algún Dios-; algunas se enamoran de otras ya en matrimonio; otras se saltan la abismal diferencia de edad. El amor es un antiguo jeroglífico que nadie llegará a descifrar con certeza.

Si habita en el corazón, el cerebro o en el alma ya que importa; el amor es un Dios: aunque no lo puedas tocar si puedes sentirlo muy adentro. Por eso creo que es mejor sentarse tranquilo en éste coche que él conduce, y otear desde la ventana el horizonte incierto, confiando que al final terminará llevándonos hacia la felicidad, aunque la felicidad duela encontrarla.

“¡Tú eres el amor!… Si no existieras no podría inventarte porque significa que estaría muerto”  (Javier).

 
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Japón. Mi última navidad.

kuno-kinzokuPara la Nochebuena había comprometido mi asistencia en la casa de unos buenos amigos pero a último momento decidí quedarme en casa: ellos trataron, vía telefónica, de persuadirme a que desistiera de mi determinación. En la calle el frío era amo y señor, su dictadura se imponía con enérgica autoridad. El reloj marcaba las diez  treinta de la noche; yo, en pijama, metido en la cama bajo tres gruesas frazadas (mantas) cubriéndome hasta la altura del pecho; tres pares de medias abrigándome los pies: mi punto débil, se me congelan como dos bloques de hielo. La calefacción encendida vomitando aire caliente en titánica lucha contra los cinco grados centígrados de temperatura nocturna. Dos almohadones sirviéndome de espaldar, y entre mis manos un libro: “El huracán lleva tu nombre”, de Jaime Bayly. Así recibí mi última navidad en Japón: solo; leyendo –entretenido-; sin un ápice de tristeza, con pachorra. Al dar las doce de la noche, en mi soledad me dije no debo de estar triste porque las personas que más quiero no están solas. Mis labios dejaron volar un ¡Feliz Navidad para todos ustedes! Después de varios minutos mi memoria despertó el recuerdo de mi primera Nochebuena en el archipiélago japonés. Hace diecisiete años atrás, igual me encontraba en mi habitación (otra casa), en mi cama, llorando a mares, recordando a mi hija, mis padres, mis hermanos y a las abuelitas.

 

A pesar del tiempo transcurrido aún puedo evocar con nitidez lo que aconteció, un 25 de diciembre de 1991, en la empresa que producía autopartes para autos de la Mitsubishi Motors. El uniforme  de la fábrica (pantalón, chaqueta y gorra) era de color blanco humo; llevaba dos meses de haber ingresado a laborar –también de estar viviendo en este país-. Éramos treinta peruanos, aproximadamente, distribuidos en dos pisos: en el primero estaban las prensas y la cortadora de lamina gigante; en el segundo nivel se ubicaba el área de soldadura –mi puesto de trabajo-, además del control de calidad. Aquella mañana, en el comedor, mientras esperábamos que diera la hora para empezar a laborar, la charla en común era los recuerdos de la familia en tan importante fecha. A las ocho de la mañana el timbre sonó y cada uno tomó lugar en su máquina. Las horas transcurrieron –lentamente para mí- sin ninguna novedad hasta el momento de almorzar: desde las doce del medio día hasta la una de la tarde. Terminado mis alimentos, como muchos, busqué un lugar para estar  a solas con mis remembranzas, ensimismado, hasta que se venció la hora del descanso.  Nuevamente, apostado en la soldadora computarizada inicié mi rutina, pero esta vez sin poder divorciar mi vista del reloj. Los minutos avanzaban y un gran nudo se me formaba en la garganta. Cuando la manecilla del minutero y del horario anunciaba las dos de la tarde detuve mi máquina y me fui a abrazar a mis paisanos, actitud que coincidió con la de mis compañeros, ante la sorpresa de los japoneses. En ese momento eran las doce de la noche del día 24 en el Perú.

 

Mi primera navidad en Japón la recibí entre lagrimas y recuerdos, dentro de una burbuja de melancolía; pero la última navidad en tierras niponas me encontró sosegado, lleno de ilusión,  con muchos planes. De seguro en mis próximas nochebuenas estaré abrazando a mi familia, desternillándome con sus ocurrencias, quizás hasta cimbreando mi mofletuda pancita (barriga)


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Japón. ¡Feliz Navidad!

papa-noelLlega una fecha importante para el mundo cristiano y para los agnósticos: los primeros celebran el nacimiento del hijo de Dios, y para los segundos es una fecha de celebración por el reencuentro familiar. Una hermosa tradición en la que se le rinde homenaje al amor. Padres e hijos vuelven presurosos a casa para reunirse y entrelazarse en emocionados abrazos. Villancicos, bombardas, el arbolito vestido de luces, el nacimiento (Belén), los panetones, el aroma del chocolate invadiendo pulmones y cada rincón del hogar; el espíritu navideño tomado por asalto el recinto familiar.

Después de la misa de las 12, sentados, todos juntos, alrededor de la mesa, recordando al familiar ausente, dejando una silla vacía, brindando, alzaran sus copas, y al tintinar otra copa les responderá ¡Salud desde la distancia!

Cada 24 de diciembre, por la noche, cuando era un niño, mi madre me llevaba de las orejas a la iglesia, a regañadientes aguantaba toda la ceremonia litúrgica; ella después de platicar con sus amistades y yo con los amigos, junto a mis hermanos, volvíamos a casa. Ahora que el tiempo pasó, en tierras lejanas, evoco esos momentos, y repito sin cesar gracias madre por no dejar que se hiciera mi voluntad de quedarme en casa, y tener hoy un recuerdo hermoso en el corazón.

Hace unos días recibí, desde México, un precioso e-mail de Norma con una composición que me emociono y me hizo pensar mucho, ya que jamás nadie me había escrito algo, nunca pensé que pudiera servir de inspiración. Este ha sido el mejor regalo de navidad. Hoy deseo compartir con todos mis lectores los versos que ella me dedica.

A todos los amigos que conocí en este país (Japón); a todos los que he conocido gracias a este blog, a todos los que me leen y no comentan; a mi familia; a mi hija, a todos quiero desearles!!! ¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!! Y un nuevo año mejor.


MIS NAVIDADES PERFECTAS

Gracias mi amor por un año más
Por ser más que un cuerpo.
Por ser mi ángel
Y el complemento de mi espíritu
Los 365 días del año.

Gracias mi amor
Por hacer el amor
Cuando nos sentimos sin tocarnos cada día;
Cuando nos amamos y extrañamos a cada instante;
Cuando tus palabras escucho en mis noches frías
Y el teléfono suena
Dándole un vuelco a mi alma

Hacer el amor va más allá de lo terrenal
Es apoyarnos en la lejanía y preocuparnos
Por nuestros desvelos y cansancios
Por nuestras incertidumbres y nuestros riesgos
Y saber que estamos ahí… muy juntos en la distancia

Gracias mi amor porque no necesitamos sólo un día
Para hacer el amor y acariciarnos,
Con tus palabras suaves y sabias;
Con tus anécdotas y aventuras;
Con tu gran alegría que sabes contagiarme
Y que al final hago mías.
.
Gracias mi amor por hacer el amor
Con toda la pasión cada día,
al debatir, tratando de cambiar al mundo;
al discutir por intrascendencias
pero más que nada por permitirme aprender de ti
la manera más dulce de terminar desvaríos
de la forma más sabia que he conocido

Gracias mi amor por darme esperanzas
Cambiando mis paisajes, aminorando mis tormentas
Coloreando mis ilusiones con tus propuestas.

Gracias mi amor por permitir cerrar mis ojos
E imaginar tu cuerpo, tu boca, tus brazos y
Sentir en la distancia tu respiración, tu frío, tu corazón.

Gracias mi amor por darme la ilusión
Y saberme parte de tu vida
Cuando compartes sentimientos, emociones, melancolías
En cada letra que das a conocer al mundo
Pero que antes fueron solo mías.

Gracias mi amor
Por hacer cada día una navidad
En donde nace una ilusión
Brilla nuestro amor
Se festeja nuestra comunicación
Y se hace el amor, más allá de lo terrenal.

Gracias mi amor por ser Javier
El hombre, el compañero, el amigo
El cómplice, el amante perfecto
Que ha llenado y llenará mis navidades diarias
Con su existir.

TE AMO ¡¡¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!!!!

Autor:  Norma

Tu oponión es importante.

Japón. Hasta siempre Anita.

Cuando la conocí éramos bastante  jóvenes, con historias diferentes pero con un sentimiento similar, escondido frente a los demás. Sus ojitos rasgados se achinaban mas cuando sonreía, me gustaba escucharla reír, ver como el viento jugueteaba fácilmente con su cabellera suave y lisa.  La primera vez que la vi fue en la casa de mi madre, no dije una sola palabra, solo la observe, me admiro su belleza.

 

Era menor que yo -en edad- y ya llevaba la responsabilidad de tres hijos, yo un estudiante universitario. A escondidas la visitaba para evitarle los comentarios que se pudieran tejer por ser madre soltera. Le gustaba oír mis historias, me pedía consejos, bromeábamos, dedicábamos nuestro momento de solaz para ser amigos; el tiempo era escaso para estar juntos. Infinidad de veces salí de su hogar,  distante de la ciudad, muy avanzada la noche, para aguardar la llegada del taxi, mientras el fuerte viento golpeaba mi espera.

 

Muchas reuniones compartimos en casa de sus padres, junto a sus hermanos, quienes a pesar de su descendencia directa de la raza china llevaban muy dentro del alma y el corazón la música peruana. Cogían la guitarra y a golpe del cajón empezaban la jarana criolla (fiesta). Su familia y la mía era un álbum de bromas de doble sentido que jamás rozaron con la grosería.

 

Así como se entero que ya tenia una hija también supo que era inevitable mi partida a este país (Japón), se hizo mutua la tristeza. Pasaron los años y nuestra comunicación fue escasa, frágil, distante hasta que un buen día me entere que también se venia a esta isla del continente asiático.

 

¡Javier! ¡Javier!teléfono me avisó la secretaria, sin sospechar quién, respondí, era ella al otro lado del auricular, tenia pocos meses de haber llegado y me llamaba a la fabrica, la emoción fue considerable. Luego continuaron las cartas, hasta que empezamos a mudarnos de vivienda repetidas veces, como gitanos latinos, y nuevamente se perdió la fluida comunicación. Ella vivía en Tokio y yo en Nagoya.

 

Fue el año pasado que logre obtener su nuevo numero de teléfono, sin darle turno a la duda la llame, conversamos dos horas, emocionados nos contamos de lo nuevo que había acontecido en nuestra vida, en todo el tiempo que estuvo ausente el dialogo. Fue como me entere que se había casado, que era feliz con su esposo japonés, que sus hijos se encontraban bien, que estaba un poco enfermita de los huesos y además sufría de otras dolencias por lo que cada mes asistía al hospital para realizarse un tratamiento riguroso.

 

Le hable de mi vida sentimental; de una hermosa joven universitaria –mi hija-; que me encontraba sin trabajar un mes, inmediatamente prometió hablar con el dueño de su centro de labores para que me admitiera; enviaba mensajes al móvil o llamaba para saber como me encontraba, se convirtió en mi hermana. En el mes de abril volvimos a charlar por teléfono, fueron mas de tres horas y media, nos reímos mucho, me aviso que viajaba a la tierrita para visitar a su familia. A su regreso al Japón me contó de lo bien que le fue por la patria. Gracias a los mensajes de texto nuevamente nos mantuvimos comunicados hasta  hace dos meses que no volví a tener respuesta a mis correos desde el móvil.

 

Hoy martes, por la mañana, mi hermana llama desde los Estados Unidos para informarme que mi buena amiga ha fallecido; fue su familia en ese país quien le dio la infausta noticia. Conocedora del cariño y respeto que como amigo siempre le tuve conmovida me detallo lo sucedido.

 

¿Qué esta pasando? ¿Por qué tan jóvenes mis amigos me adelantan en el viaje eterno? ¿Quién es el próximo… seré yo?

 

Ana Maria Choy  Wong, “chinita”, descansa en paz y contigo parte de mis bellos recuerdos.

 

La amistad esta de luto.

 

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Japón. Cuestión de lectura.

Japón por estos meses se vuelve un país gélido, a pesar que llevo más de una década radicando en el archipiélago asiático mi cuerpo aún no ha logrado aclimatarse. Ya se me pegó la gripe y de seguro me acompañará por muchas semanas, razón por la cual debo tomar algunas medidas de prevención y poder controlar el malestar que suele generar esta menuda enfermedad.

 

La mayoría de hogares tienen un calentador de agua conectado a la tubería que se une con el grifo de la cocina – funcionan con gas – pero en mi casa – como buen  soltero – dicho aparato brilla por su ausencia. Es justo en éste mes de diciembre, cuando lamento no haber solicitado su instalación. El agua sale tan fría que bastan dos segundos para que las manos duelan insoportablemente, especialmente por la noche cuando la temperatura desciende a 3 o 5 grados centígrados.

 

La solución que encontré para superar este descuido, y no terminar convirtiéndome en un oso polar o en el hombre de hielo, es calentar dos litros de agua, vaciar un poco en una pequeña tina de plástico para lavarme el rostro, luego otro tanto para la higiene bucal. Por suerte el ofuro (pequeña bañera) si cuenta con el calentador de agua. El problema lo tenia para lavar los trastos de la cocina, esto lo superé usando un par de guantes de lana dentro de otros de jebe. Todo marchaba bien hasta que se me agujereó.

 

El día miércoles de la semana pasada, por la tarde, de regreso a casa, pasé por la tienda que ofrece todo a 100 yenes – mas barato que una  lata de cualquier bebida gaseosa – recordé que necesitaba el bendito guante. Ingresé al local y al unísono un coro de voces femeninas saludó mi llegada con un sonoro ¡Bienvenido!. Un lugar sumamente limpio, extremadamente ordenado, bastante iluminado, y con un derroche de amabilidad, sonrisas y atenciones por parte de las damitas niponas.

 

Lo primero que vi al abrirse las puertas automáticas fueron los adornos alusivos a la navidad, tanto a mi izquierda como a mi derecha los Santa Claus, las campanitas, los arbolitos, las coronas, estrellas y todo lo que se necesita para estas fiestas allí se exhibían; avancé unos pasos, esta vez a mi izquierda se mostraban los útiles de escritorio, y a mi diestra los artículos de tocador. Giré a la derecha y caminé unos diez metros hasta que me topé con el sitio donde se encontraban los guantes de jebes. Frente a mí tenia una variedad de colores, tallas y marcas, elegí un par de color celeste; me apersoné a la cajera, cancelé (saldar, pagar) y me marché rumbo a casa.

 

Ya en mi “cueva”, sobre la mesa de la cocina dejé mi nueva compra. Calenté agua en el ofuro y me di un relajante baño. Mientras los músculos aflojaban dentro del cálido liquido cantaba una composición “mía de mi” dedicada al amor. Una vez terminada la operación higiene personal vestí la sudadera que suelo usar dentro de casa. Siempre de buen humor me dispuse a abrir la bolsa de los guantes de jebe, cuando: “¡Carajo!… ¿Que coño es esto?” “¿Cómo dicen que en Japón todo es perfecto?… ¡No jodan! Resulta que al interior de la mencionada bolsa había dos guantes izquierdos. “Mañana verán estos despistados”, afirmé con voz amenazante.

 

Al día siguiente volví al local con el pecho hinchado como pavo navideño, llevando mil frases en la cabeza para despotricar contra la primera persona que se me pusiera enfrente, según yo reclamaría mi justo derecho como cliente ofendido. No me importó el gentil saludo con el que me recibieron, me dirigí raudo a la cajera. Ella estaba de espaldas, al oír mi saludo giro con suavidad, yo estaba listo para disparar mi perorata pero quede mudo; era una jovencita muy guapa – de la edad aproximada de mi hija -, sonrió y con mucha amabilidad me pregunto que deseaba – ¿Cómo podía ser grosero con quien podría ser mi hija? -, le explique:

 

-   Ayer vine y compré estos guantes, pero resulta que ambos son izquierdos.

-   Déjeme ver… ¿Cuál es el problema? – sonrió.

-   Es que yo necesito uno para cada mano y al parecer se equivocaron – manifesté.

-   No señor… acá está escrito que ambos son izquierdos – señalándome el kanji (letra).

-   ¡Huyyy!…disculpe. – respondí avergonzado al reparar mi error.

-   ¿Desea otro par para la mano derecha?

-   Si por favor – en ese momento pensaba “trágame tierra”.

-   Sígame por favor…

 

Juntos fuimos al lugar donde estaba la cantidad variada de guantes. Cogió una bolsa y señalando el kanji que significa derecho me lo ofreció, al recibirle le pregunte cuál era el otro kanji que significaba para ambas manos, cogió otra bolsa y me lo mostró.  Haciendo una reverencia le agradecí, ella me respondió con otra reverencia acompañada de una bonita sonrisa y se retiró. A solas empecé a sudar de vergüenza recordando todo lo que había pensado en mi apato (departamento)  por no haber leído lo que estaba escrito. Fui nuevamente donde la cajera y pagué calladito.

 

Una vez fuera del local caminé rápidamente hasta mis aposentos, tan veloz como quien tiene diarrea y precisa de un baño urgentemente. Vaya todo el problema que me armé y, solo había sido cuestión de lectura.

 

guantes-2

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Japón. Una nueva familia.

nueva-familiaEsa noche de año nuevo brindamos, cenamos y bailamos, hubo buena química. Jamás podré olvidarla por que insospechadamente se iniciaba un hermoso capítulo en mi vida. Aun recuerdo claramente sus palabras al despedirnos: “Puede volver cuando desee, ésta es su casa con toda confianza”. ¿Qué fue lo que les agradó de mí? Núnca lo hemos conversado. Pero ellos: Luis, Indira y Jarecito me hicieron sentir que volvía reencontrarme con mi familia después de una larga ausencia.

 

Desde aquel adiós transcurrieron aproximadamente cuatro meses, hasta que una insistente llamada al móvil me sorprendió en una noche que regresaba a casa manejando una bicicleta montañera azul, era Indira -Mary, nuestra amiga en común, le había facilitado mi numeración telefónica- invitándome  a la celebración de su cumpleaños que le organizaba su esposo Luis. En aquella reunión los volví a ver después de cinco meses y recién pude conocer a Brian.

 

Increíblemente la conexión con los niños fue inmediata. Jarecito sorprendiéndome con su gran capacidad para memorizar las cosas, su espontaneidad, su comportamiento tan correcto y atenciones como pequeño anfitrión. Brian apenas tenia siete meses de nacido cuando por primera vez lo tuve entre mis brazos y el cordón umbilical quedó establecido entre ambos.

 

Ellos llegaron al mundo de sus padres para llenarlo de felicidad, y de ternura el mío. Despertaron ese amor paternal que dentro de mi corazón se había quedado dormido desde que me alejara de Karina. Lograron que todo ese sentimiento de padre que llevaba reprimido lo dejara fluir para ellos. Son muchas las noches que me ha tocado inventarme cuentos con los personajes que les gustan para que duerman. Tantas las veces que hemos jugado en algún parque o en casa revolcándonos en el suelo como tres niños. En varias oportunidades los he visto enfermitos o los he regañado corrigiéndolos. Y en algunos momentos les he mentido diciéndoles que “me voy a echarle gasolina al coche” para poder irme a casa.

 

Recuerdo en una oportunidad cuando Jared tenia tres añitos, junto a sus padres y otros amigos, íbamos a un parque lejano de casa para preparar un asado, de pronto empezó a recordar que la ruta en la que estábamos conducía hacia un parque en donde ya había estado con su mamá, empezando a describirnos algunos edificios colindantes al lugar, mientras nosotros andábamos perdidos. Lo sorprendente es que para llegar a dicho lugar hay que recorrer una autopista por lo menos 30 minutos y luego entrar en un culebreo de calles hasta llegar al destino final.

 

Brian es sumamente cariñoso conmigo, siempre suele recibirme con un abrazo, le gusta estar a mi lado, nunca olvida todo lo que conversamos, al igual que su hermano suele bombardearme con preguntas. Una vez después de responderle una interrogante me dice con su carita risueña: “¿Javier, porqué todo lo sabe?”. Ambos nos reímos. También tiene sus momentos tiernos como el día cuando nadábamos juntos en una playa artificial y vimos sobrevolar un avión, abrazándome muy fuerte, pegando su carita en mi mejilla, me dijo: “Yo nunca quiero que te montes en un avión por que después nunca vas a volver… Y yo estoy triste”. Disimuladamente me sequé las lagrimas.

 

A los esposos Luis e Indira quiero darles las gracias por aceptarme en el seno de su hogar y ser durante 1,825 días mis mejores amigos. A Brian (5 años) y Jared (6 años) entregarles el mas profundo amor y como dirían en Colombia “pa las que sea parceritos” (para lo que me necesiten niños).

 

Desde hace cinco años gracias a ustedes volví a tener una nueva familia.

 

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