Lejos de la Patria
Febrero 22, 2008 por Javier
Hoy leí una noticia que me conmovió y me llamo a la reflexión. Un peruano –como yo- fue encontrado muerto en su departamento alquilado y después de tres meses fue descubierto por el dueño del edificio. Somos muchos los que en Japón vivimos en igual situación de soledad y siempre pensamos que nunca nos ha de suceder nada, que somos de fierro (olvidando que el fierro también se oxida), que a pesar de los años transcurridos aun nos sentimos jóvenes (aunque el cabello se nos este poniendo blanco y escaso, y los huesos nos duelan cada mañana aun más y más); Si la familia muestra preocupación, desde el otro lado del mundo, algunos respondemos que “hierva mala nunca muere aunque la orinen los perros”. Siempre tendremos una jocosa respuesta para calmar a los que nos quieren y mentiremos por el miedo que, hipócritamente negamos, sentimos a la soledad, peligrosa compañera del exiliado económico –así nos llaman las organizaciones mundiales-, los extranjeros.
Era de mañana, tarareaba una canción de Joaquín Sabina, apuraba el paso, había trabajado toda la noche, el camino de ida y vuelta lo podía transitar con los ojos cerrados, ese nuevo día fue diferente. Cuando estaba cerca de casa me tope con un carro patrullero, sentí temor, ya estaba frente a ellos (los policías), no me prestaron la menor atención, andaban ocupados entrando y saliendo de una casa; curioso pregunte a unos de los japoneses, que observaba atento, por lo que había acontecido: “encontraron a un hombre que llevaba muerto dos días y nadie se dio cuenta, sino, hasta que el mal olor alerto a los vecinos”, me respondió. El difunto al igual que yo vivía solo.
En el mes de Enero hubieron tres días en los que mi estado anímico me jugo una mala pasada, muchos sentimientos se chocaban en mi interior y termine navegando por las peligrosas aguas de la depresión. Mi pequeña casa alquilada se convirtió en mi mundo y las paredes en los amigos con quien charlar; de la cocina a limpiar la casa, de la computadora a los libros, de la tele al dvd. El recuerdos de la familia y el de la mujer amada, eran balas que a quemarropa se descerrajaban en mi alma. Sin proponérmelo me auto secuestré por setenta y dos horas. Al cuarto día, muy de mañana, la dueña del predio me toco la puerta, una señora anciana, traía una bolsa de mandarinas.
- Buenos días Mizuno sam.
- Javier sam buenos días; ¿Cómo esta?
- Bien; ¿ porqué?
- Su auto lleva estacionado tres días y ningún vecino lo ha visto.
- He estado ocupado haciendo oficio – respondí sonriendo.
- Me preocupa que viva solo, le puede suceder algo y nadie lo sabría. Seria bueno que saliera un momento para dejarse ver. cuando este en casa.
- Disculpe por preocuparla.
- No tiene a nadie y lo aprecio como a un familiar.
Seguimos conversando un rato mas, me entrego las frutas y se marcho; admito que sentí el deseo de besarla en la frente, como si fuera la madre de mis padres.
Fue en la provincia de Kanagawa, en la ciudad de Yamato donde hallaron al compatriota extinto.
Encontramos la forma de cómo llegar a este país, pero no sabemos como volveremos a nuestro país.




