El Gato y Yo
Marzo 26, 2008 por Javier
Lunes 17:
Desperté con el cuerpo algo descompuesto, ayer ya me sentía un poco maluco, pero ésta mañana el malestar fue más fuerte. Por la tarde compré medicamento para la gripe en un centro comercial cerca de casa. La vista me estuvo ardiendo. Cociné algo sencillo y rápido, lavé los platos y me pasé el día leyendo algunos websites y asistiendo noticieros de diferentes países por el servicio de televisión vía Internet.
Martes 18:
Todo el día estuve estornudando, la vista me siguió ardiendo y un ligero dolor de cabeza se unió a mi descompuesto cuerpo. Tomé el medicamento. Dándome ánimos continué la faena diaria. Por la noche el dolorcillo de cabeza desapareció pero en cambio un dolor de pecho empezaba a incomodarme. Mientras cogía sueño escuche que afuera el gato: de manchas negras y blancas, gordo y cola corta, se acomodaba sobre la lavadora.
Miércoles 19:
Fue un día fatal. Amanecí con escalofrió, dolor de pecho, estornudando, una incontrolable tos y fiebre. Continué tomando el medicamento. Dormí mucho, no comí nada hasta por la noche que el hambre me obligó a prepararme algo ligero. Bordeando la media noche volví a escuchar al gato sin dueño rondando por el jardín.
Jueves 20:
Al abrir las cortinas el brillo del sol invadió mi habitación. Me sentí de mejor ánimo, con menos malestar, los medicamentos me ayudaron mucho. Puse música y a solas bailé y canté. Aun sentí algo de escalofrió pero con menos fiebre. Seguí estornudando y tosiendo esporádicamente. Lavé los platos y me preparé comida peruana. El día se me fue descansando. Al llegar la noche, entre sueño y lejanamente, oí el maullido del gato.
Viernes 21:
Me sentí mucho mejor, volví a poner música mientras tomaba un baño con agua tibia en el ofuro (pequeña tina de baño japonesa). Fue un día tranquilo, apenas estornudando. Salí un momento por la noche para revisar una computadora, me invitaron una cerveza. De regreso en casa empecé a sentir calor y cometí la torpeza de servirme un vaso de bebida gaseosa fría. Ya en cama, mientras aun estaba despierto, no escuché al gato… me pareció extraño.
Sábado 22:
Nuevamente desperté con fiebre, escalofrió y estornudando. Desde mi ventana vi a unos pajaritos comiendo en el gramado del jardín, el cielo despejado y un sol invitando a pasear por la playa. Al abrir un momento la puerta de casa un bulto saltó desde el aparato del aire acondicionado, era el gato, que asustado huía a paso lento, tenía una de sus patas traseras herida. Lo vi esconderse debajo de una camioneta, lamerse la pata, después de cinco minutos salió y saltó sobre el techo de otro auto, empezaba a jugar.
Después de observarlo largamente me di cuenta que aquel gato y yo nos parecemos mucho, ambos sin molestar a nadie hemos aprendido a cuidarnos solos.





Se me ha hecho un nudo en la garganta leyendo tus entradas…
Espero que todos tus años en este país hayan sido la mayor parte buenos que malos y que cuando regreses a tu país, te lleves aunque sea un buen recuerdo.
Espero también que ya estés bien de salud. “Ganbatte kudasai”
Un saludo y cuídate.