Japon: La anecdota del pollo frito.
Abril 26, 2008 por Javier
Antonio tenia días de haber llegado al Japón, a la ciudad de Toyohashi, y como era de suponer no entendía nada del idioma japonés - es lo que inmediatamente nos dimos cuenta -. Solía mostrarse como una persona pícara, astuta, alguien a quien nadie podría engañarle. Los que vivíamos en aquella casa (propiedad del contratista) llevábamos un ritmo de vida algo agitado: levantarnos muy temprano, asearnos, prepararnos el desayuno, ponerse la ropa de trabajo y salir a la puerta, esperando la llegada de la movilidad que nos llevara a la fábrica procesadora de pescado; regresar después de doce horas de haber estado dentro de cámaras frigoríficas, hornos y variedad de máquinas. Cansados, echando bromas, solíamos turnarnos cada noche para preparar la cena de los seis muchachones, incluído para nuestro nuevo integrante que todavía no laboraba. Cierto día, reunidos en la hora de descanso, acordamos proponerle a “Toño” (Antonio) que nos preparase diariamente la cena, con el beneficio de servirse y no aportar dinero para la olla comunitaria. Aceptó sin objeción.
A la mañana siguiente, al despedirnos, nos avisó que prepararía “fréjoles con pollo frito”, todos celebramos el anuncio. Lo que aconteció con el pobre muchacho fue de no creerlo pero para terminar partiéndose de la risa. De vuelta en casa, con hambre de náufrago, nos servimos ordenadamente. “Oye, te quedó muy bien”, “Felicitaciones, excelente compadre”, “Huy que buena mano”; uno a uno le expresaban su satisfacción. Un colega y yo le sentimos un saborcito raro al platillo pero no le dimos importancia. “Barriga llena, corazón contento” reza un dicho popular.
Muchachos tengo que contarles algo - anuncio Toñito -. Habla cumpita, ¿qué fue? - respondió uno de nosotros -. El rostro de nuestro chef “trafa” poco a poco fue cambiando de color, estaba rojo cuando inició su relato. “Para preparar los fréjoles no tuve ningún contratiempo, el problema fue con el pollo - lo escuchábamos con atención -. Ya le había rociado la sal y la pimienta cuando me percaté que no tenia a la mano el aceite, busqué por todos lados sin mayor resultado, de pronto en uno de los cajones vi varias botellas de plástico de diferentes colores: Verde, naranja y amarillo; supuse que éste último era el aceite. Encendí la cocina, puse la sartén, destapé la botella y vacié su contenido, esperé que calentara un poquito. Lo que me llamó la atención fue que no chispeara como es común, pensé que en éste país habían inventado éste tipo de aceite para no quemarse las manos. También me pareció raro que se formara una espuma… en fin en Japón todo es moderno, fue mi respuesta. Al colocar el pollo vi que los minutos pasaban y seguía crudo, peor aun, lentamente se empezaba a sancochar. ¿Qué carajo pasa? Me pregunte. Rápidamente apagué el fuego y lo probé, grande fue mi sorpresa al comprobar que tenia sabor a detergente. ¡Pucha la cagué! Exclame resignado. Inmediatamente lavé cada presa. Fui a la vecina, con señas y repitiendo “oil” “oil”, logré que viniera a ayudarme, ella cogió del repostero un frasco pequeño que también le había visto pero pensé que era vinagre - era el aceite de oliva con la etiqueta escrita en kanji (escritura japonesa) -. Lavé la sartén y recién pude fritar el pollo casi sancochado. Eso fue lo que aconteció colegas.”
Todos nos miramos entre sí, y estallamos en una risotada. “No joda mi hermano, usted si consiguió lo que mi viejita nunca pudo ¡carajo!. Lavarme la boca con detergente por toda la grosería que suelo hablar” fue mi comentario sin poder contener la risa, ni evitar las lágrimas.





jajajajajajajajajajajajaja…
jajajajajajajajajajajajaja…
muy buena anécdota, de verdad!
Que tengas una buena semana, Javier :)
Qué susto! Plausible la reacción de todos, otros más escrupulosos se hubiesen enojado.
Buena anécdota y buen cierre con el coment sobre tu madre.
Besitos amistosos!
Que gracia!
Y que coincidencia! Hace algunos años a mi papa le paso exactamente lo mismo, con la diferencia que en su caso no habia nada de japones… y era carne roja.. no hubo remedio se fue a la basura…