Hoy, después de mucho, volví a caminar desde casa hasta el centro comercial, apenas quince minutos de ida y otro tanto igual de regreso. Durante el recorrido evoqué las veces que en bicicleta transité aquellas angostas calles que hoy guardan mis pasos de tantos días idos. Terminado los pagos y compras que me tocaba realizar, nuevamente en mi cómoda cama me pregunté cuántos incidentes me han sucedido en todo aquel tiempo de bicicletada, pues bien, voy a compartir, en diferentes capítulos, algunos de esos momentos que pasados los años causan gracia recordarlos.
Apenas tenía unos meses de haber llegado a este país (Japón) cuando aconteció el primer incidente. Trabajaba en una firma que fabricaba auto partes para los autos de la Mitsubishi. Vivía cerca de mi centro de labores, razón por la cual el contratista me dió mi primera bicicleta. Normalmente trabajaba desde las ocho de la mañana hasta las diez de la noche, de lunes a viernes, los sábados solo era hasta las cinco de la tarde. Nadie sabe cuando ha de jugarte una, mala pasada el destino, a mí me tocó un día entre semana, así fue que en una tarde soleada mi jefe dijo que podía retirarme a las cinco, la razón era que no había llegado material para trabajar. Llegada la hora marqué mi tarjeta, me lavé, fui hasta donde parqueábamos las bicicletas, me puse los audífonos del walkman y enrumbé el camino de regreso a casa. Después de pasar algunos huertos llegué hasta el puente desde donde se podía ver el paso del shinkansen (tren bala), no me detuve, cantaba un huayno (genero musical andino) de los kjarkas (grupo boliviano), miré el inmenso espejo redondo que se ubicaba frente a mí, siempre hay uno en donde se tiene dificultad para ver si vienen coches en algún sentido, seguro que tanto a la derecha e izquierda no había peligro seguí mi rumbo. De pronto una pequeña camioneta intempestivamente hizo su aparición desde el lado derecho, resulta que esa parte de la calle era una pendiente, la colisión fue inevitable por su excesiva velocidad –mas de lo permitido-. Recuerdo que en un acto de supervivencia levanté la pierna derecha y al momento del impacto me impulsé. Volé como superman, en ese momento hasta el hombre araña me hubiera envidiado, el aterrizaje si fue como la del increíble hulk por lo torpe, debo haber aplastado muchas hormigas. La bicicleta quedó hecha un manojo de fierros retorcidos enganchada al vehículo. El conductor asustado me auxilió. Fuimos al hospital, llegó mi contratista, una enfermera de manos suaves y carita seductora me inyectó, tomó placas y todo lo demás por orden del galeno; Descansé cerca de un mes, la recuperación fue lenta pero segura y aun sigo vivito y jodiendo.




hayyyyyyyy que yo he empezado a ahora con la bicicleta, no me asustes!!!!
en japon?? estás en japon?
¡Que horrible experiencia!, debiste de haberte asustado mucho… ¿Es cierto que cuando uno esta envuelto en un accidente así, los segundos parecen horas, que todo lo ves como en cámara lenta y que tu vida desfila ante tus ojos?.
aaayysss!! me ha hecho daño hasta a mi mientras que estaba leyendo. Bueno lo que no nos mata nos hace más fuerte, seguro que ya no te pasa más. Me alegro que no pasara nada. Saludos
Qué susto de entrada, Javier…
Me alegro que sigas vivito y jodiendo :)
Un abrazo.