Este domingo pasado me encontraba en casa, asándome con éste calor que no lo aguanta ni el diablo, cuando me timbró el móvil, era mi amiga brasilera, Rosy.
- Hola Rosy, vaya milagro.
- Jajaja… Javier, ¿Tienes algo planeado para la tarde?
- No.
- Entonces te invito a la piscina de Nishio -una ciudad cercana de donde vivo.
- ¿Quiénes van?
- Mi esposo y los niños.
- ¡Listo!…ahora mismo me cambio y voy a tu casa.
- Te esperamos… bye.
Cogí la mochila roja con bordes de color plomo y metí todo lo necesario. Me di una ducha, luego me vestí con la indumentaria playera y listo. Apuradito encendí el motor de mi “Porche… queria” y partí rumbo a la casa de mi amiga.
Era la primera vez que iba a su casa y que me invitaba a pasear junto a su familia. Confiando en las indicaciones que me dio y en mis neuronas no se me hizo difícil llegar hasta su predio. Todo estaba preparado, nos saludamos muy amicalmente su esposo, ella y yo; “el tío bravo” había llegado -así me llaman su niña y el niño.
En todo el tiempo que duró el recorrido bromeamos, me contaron anécdotas, la verdad de algunas mentiras y que otras amistades en común también estarían presentes en el centro de esparcimiento.
Conforme nos acercábamos a nuestro destino se podía dejar ver a lo lejos una moderna estructura. Llegamos y lo primero fue buscar un sitio donde parquear el auto, no resulto difícil. Parecía como si los administradores del local todo lo tuvieran calculado, como si supieran la cantidad de público que llegaría ése día.
Al abrirse las puertas automáticas ya tenía enfrente un inmenso local de ambiente fresco, limpio y techo muy alto. Las máquinas del ticket estaban al lado derecho, colindante a un pequeño mostrador en donde se vendían todo tipo de utensilios para la práctica de la natación. Hacia el lado izquierdo se encontraba una pequeña sala de espera o descanso con un enorme televisor de plasma de color negro en el que solo se podía ver programación infantil. Unos metros más allá estaban varias mesas con cuatro sillas, las máquinas de expendio de bebidas gaseosas; todo frente a un monumental ventanal, desde donde se apreciaba el interior de las piscinas.
Como todos compré mi ticket, era del tamaño de un pequeño calendario, lo ingresé en la máquina de entrada y una voz femenina, por un parlante (bocina), me dio la bienvenida. Dos metros más adelante, del interior de una caja, cogí una bolsa blanca para guardar las playeras (sandalias o chanclas), solo se puede acceder descalzo. Para el lado derecho estaba el vestuario de los caballeros y, hacia la izquierda el de las damas. Adentro varias hileras, de cuatro niveles, de cajones para guardar la ropa. Al abrir la puerta, en el reverso, había una abertura en donde se debía colocar la misma tarjeta que utilizamos para ingresar, solo así se podía utilizar la llave y asegurar el locker. En éste ambiente súper ordenado y de una limpieza total, existían también otros reducidos espacios para desnudarse y vestirse, otro para acicalarse y quedar “guapito”, además de duchas unipersonales. Tenía el piso “alfombrado” por un material hueco que no permitía el peligro de resbalarse y hacerse “yayita” (herida). Antes de ingresar al ambiente mismo de las piscinas era necesario pasar por una ducha.
Las piscinas.
Lo primero que se observa al ingresar es el altísimo tobogán de color azul y el otro más pequeño de color blanco. Al interior hay un conjunto de piscinas divididas para adultos y pequeños, en total son cinco. Una es como un gran río que bordea todo el local, incluida la parte externa. Hay una pequeña playa artificial con olas e incluso desde un eyector cada cierto tiempo cae el agua aparentando una lluvia. Una piscina menos onda para los más chiquitines, con el diseño de un elefante donde resbalar. Otra solo para mayores. Acá para poder entrar exigen el uso de la gorra de natación caso contrario “nones”. En la parte externa hay una imitación de catarata para que las personas se ubiquen al pie de la misma y sientan en el cuerpo la caída del agua fría. También se encuentran un par de grandes tinas blancas para hidromasajes. En todos lados estaban los salvavidas además de los controladores que observan que nadie entre con ningún tipo de joya o adornos en el cuerpo, tampoco masticando chicle o comida alguna.



Cada cierto tiempo nos invitaban salir de las piscinas para hacer suaves ejercicios, por un espacio de cinco minutos, luego por los mismos altavoces se anunciaba al público cuando se podía volver al agua que por cierto es temperada. El ser un poco observador me permitió ver las veces que hicieron el test del cloro; que alto sentido de responsabilidad y dedicación al trabajo por los japoneses encargados del local.



La verdad, fue un día muy bonito, de aquellos para recordar, volví a sentirme un infante, un impúber. Nadé bastante; subí muchas veces al tobogán, deslizándome a toda velocidad juntamente con la hijita de mis amigos -ella me recordó a mi hija karinita-; buceé hasta el cansancio, también hice de profesor de natación para mis amigos. En cada intermedio entraba al sauna a sudar como “cerdito al horno”, botando toda la grasa. También me encontré con mis sobrinos y su familia.
Ya para retirarnos, nuevamente en el vestuario, había que abrir el locker y sacar la tarjeta que utilizamos al principio. Cambiados de ropa se camina descalzo hasta el mismo lugar de donde cogimos la bolsa blanca para guardar las sandalias y es recién allí cuando nuevamente calzamos. Se vuelve a insertar la tarjeta-ticket por la misma máquina que ingresamos para que nos permita, ésta vez, salir.
Llegamos a las tres y treinta de la tarde a éste centro adornado de palmeras artificiales y nos retiramos a las nueve de la noche, aunque las luces de la piscina las apagan a las ocho y treinta. Ya saben cuanto se demora una mujer para cambiarse.




Que bonito día el que pasaste…. Y me haz dejado con el ojo cuadrado con tu descripción y las fotos del lugar y de la organización que tienen.
Mientras iba leyendo esto no pude evitar comparar con lo que hubiera pasado de estar esa alberca en México.
1.- Ningún lugar para estacionar el coche.
2.- Las albarcas hubieran estado muy sucias.
3.- Para poder entrar la lugar pedirian propina.
4.- La mitad de los asistentes no llevarian gorra de baño.
5.- Te hubieran robado del loker la ropa y las sandalias.
y 6.- Si te hubieras quedado después de que te apagaron la luz, lo más probable es que te hubieran asaltado.
Ojala algún día podamos llegar al grado de civilidad y respeto que por lo que veo tienen en japón.
Te manod un enorme saludo desde la tierra de “todo es posible”. :P
Ojalá puedas encontrarte muy pronto con tu hijita…
Saludos desde Tokyo.
Admirada por la disciplina y acompañamiento con lo cual manejan allí esos sitios de esparcimiento. Al final me sonrío por esa demora de las mujeres al cambiarse, te cuento que yo soy la excepción.
un abrazote con los afectos de siempre!
Hola Javier.
He ido un par de veces a este tipo de piscinas y la verdad que se disfruta mucho, en especial en este verano para los que no quieren ‘tostarse’ bajo el inclemente sol.
Supongo que estas gozando de tus vacaciones.
Saludos.
Javier, que fantástico suena esto, yo este verano fuí un día con mis hijos, a un parque acuatico, y ni por asomo se parece a esta maravilla.
No es tan grave como el ejemplo de Gaby, pero…ya se sabe la zona mediterranea y Japón poco tienen en común.
Me alegro de estar de nuevo por aquí.
Un beso
Que bien lo explicas todo y añadiendo las fotos me entran ganas de ir, lo malo es que me pilla un poco lejos, estoy en Malaga :D