Dorita fue la madre de mi madre, la mujer a quien más amé y admire en este mundo. Cuando ella alzo vuelo en su viaje sin boleto de retorno, acá en esta gran estación llamada tierra, toda la familia nos quedamos llorando tanto como ella lloró y lamento mí partida al Japón. Por estos días la he vuelto a recordar con insistencia, con amor, añorando los tiempos de pobreza en donde ella brillaba mucho más que el oro, y era una gran joya entre tantas piedras…
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Que lindo es tener tan buenos recuerdos cuando los necesitas.