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Posts Tagged ‘Familia’

Dorita fue la madre de mi madre, la mujer a quien más amé y admire en este mundo. Cuando ella alzo vuelo en su viaje sin boleto de retorno, acá en esta gran estación llamada tierra, toda la familia nos quedamos llorando tanto como ella lloró y lamento mí partida al Japón. Por estos días la he vuelto a recordar con insistencia, con amor, añorando los tiempos de pobreza en donde ella brillaba mucho más que el oro, y era una gran joya entre tantas piedras…

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Manos ancianasAlgunas pecas han empezado a ser parte en la piel de una mano que se arruga, como el clima que anuncia la llegada de una nueva estación, presiento que estos pequeños tatuajes naturales me avisan que va llegándole el otoño a mi vida. Las observo como fotos y descubro los cambios que he experimentado desde que aquellas manchas se imprimieron en mis manos. Pienso en el tiempo que viví y en el tiempo que no llegaré a vivir. Lloro recordando a los familiares que hoy habitan en ese otro mundo y esperan mi llegada. Sonrío haciendo memoria de la gente que conocí, que amé, que me amó, que me detestó y de aquellas que me idolatraron…

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recien nacido fotoCuando se es joven uno siente que  tiene el mundo en un puño, pensamos que todo es divertirse, enamorarse y ser feliz. Pero los años nos empiezan a caer encima y con ellos un sin fin de nuevas responsabilidades vienen a llenar aquella maleta que nos toca cumplir en la vida. Muchas veces el temor a lo desconocido, la inexperiencia, conlleva a que se tome decisiones erradas que después se quisieran corregir, es en ese momento cuando se toma conciencia que una vez cruzado el puente de la adolescencia, juventud y el ser adulto ya no hay marcha atrás.

Para ser feliz hay que cerrar ciclos porque de lo contrario nos sentiremos incompletos, inconformes con nosotros mismos… 

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papa-noelLlega una fecha importante para el mundo cristiano y para los agnósticos: los primeros celebran el nacimiento del hijo de Dios, y para los segundos es una fecha de celebración por el reencuentro familiar. Una hermosa tradición en la que se le rinde homenaje al amor. Padres e hijos vuelven presurosos a casa para reunirse y entrelazarse en emocionados abrazos. Villancicos, bombardas, el arbolito vestido de luces, el nacimiento (Belén), los panetones, el aroma del chocolate invadiendo pulmones y cada rincón del hogar; el espíritu navideño tomado por asalto el recinto familiar.

Después de la misa de las 12, sentados, todos juntos, alrededor de la mesa, recordando al familiar ausente, dejando una silla vacía, brindando, alzaran sus copas, y al tintinar otra copa les responderá ¡Salud desde la distancia!…

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nueva-familiaEsa noche de año nuevo brindamos, cenamos y bailamos, hubo buena química. Jamás podré olvidarla por que insospechadamente se iniciaba un hermoso capítulo en mi vida. Aun recuerdo claramente sus palabras al despedirnos: “Puede volver cuando desee, ésta es su casa con toda confianza”. ¿Qué fue lo que les agradó de mí? Núnca lo hemos conversado. Pero ellos: Luis, Indira y Jarecito me hicieron sentir que volvía reencontrarme con mi familia después de una larga ausencia.

 

Desde aquel adiós transcurrieron aproximadamente cuatro meses, hasta que una insistente llamada al móvil me sorprendió en una noche que regresaba a casa manejando una bicicleta montañera azul, era Indira -Mary, nuestra amiga en común, le había facilitado mi numeración telefónica- invitándome  a la celebración de su cumpleaños que le organizaba su esposo Luis. En aquella reunión los volví a ver después de cinco meses y recién pude conocer a Brian.

 

Increíblemente la conexión con los niños fue inmediata. Jarecito sorprendiéndome con su gran capacidad para memorizar las cosas, su espontaneidad, su comportamiento tan correcto y atenciones como pequeño anfitrión. Brian apenas tenia siete meses de nacido cuando por primera vez lo tuve entre mis brazos y el cordón umbilical quedó establecido entre ambos.

 

Ellos llegaron al mundo de sus padres para llenarlo de felicidad, y de ternura el mío. Despertaron ese amor paternal que dentro de mi corazón se había quedado dormido desde que me alejara de Karina. Lograron que todo ese sentimiento de padre que llevaba reprimido lo dejara fluir para ellos. Son muchas las noches que me ha tocado inventarme cuentos con los personajes que les gustan para que duerman. Tantas las veces que hemos jugado en algún parque o en casa revolcándonos en el suelo como tres niños. En varias oportunidades los he visto enfermitos o los he regañado corrigiéndolos. Y en algunos momentos les he mentido diciéndoles que “me voy a echarle gasolina al coche” para poder irme a casa.

 

Recuerdo en una oportunidad cuando Jared tenia tres añitos, junto a sus padres y otros amigos, íbamos a un parque lejano de casa para preparar un asado, de pronto empezó a recordar que la ruta en la que estábamos conducía hacia un parque en donde ya había estado con su mamá, empezando a describirnos algunos edificios colindantes al lugar, mientras nosotros andábamos perdidos. Lo sorprendente es que para llegar a dicho lugar hay que recorrer una autopista por lo menos 30 minutos y luego entrar en un culebreo de calles hasta llegar al destino final.

 

Brian es sumamente cariñoso conmigo, siempre suele recibirme con un abrazo, le gusta estar a mi lado, nunca olvida todo lo que conversamos, al igual que su hermano suele bombardearme con preguntas. Una vez después de responderle una interrogante me dice con su carita risueña: “¿Javier, porqué todo lo sabe?”. Ambos nos reímos. También tiene sus momentos tiernos como el día cuando nadábamos juntos en una playa artificial y vimos sobrevolar un avión, abrazándome muy fuerte, pegando su carita en mi mejilla, me dijo: “Yo nunca quiero que te montes en un avión por que después nunca vas a volver… Y yo estoy triste”. Disimuladamente me sequé las lagrimas.

 

A los esposos Luis e Indira quiero darles las gracias por aceptarme en el seno de su hogar y ser durante 1,825 días mis mejores amigos. A Brian (5 años) y Jared (6 años) entregarles el mas profundo amor y como dirían en Colombia “pa las que sea parceritos” (para lo que me necesiten niños).

 

Desde hace cinco años gracias a ustedes volví a tener una nueva familia.

 

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amigosCuando el avión aterrizó en tierras niponas, después de un largo viaje desde la milenaria tierra peruana, no tenia la menor idea de cómo serian mis días en este lejano país. Desde aquel entonces muchos años han transcurrido y las maletas que en antaño llegaron cargadas de ropas hoy están llenas de recuerdos, aun queda un pequeño espacio para el tiempo que me resta de permanencia en el archipiélago japonés.

Aprendí a comunicarme en su idioma, me integré en un ochenta por ciento a su sistema de vida, trabajé tanto o igual como los primeros japoneses que llegaron a mi país, pero siempre me sentí incompleto…

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El pasado mes de Octubre no fue solo el cumpleaños de mi hija sino que también estuvo lleno de noticias que jamás podría haberme imaginado. Algunas de ellas muy tristes, dolorosas, y otras que terminaron por dejarme boquiabierto. Cada suceso nuevo ha sido como una bofetada para despertar y darme cuenta que la vida tiene su propio curso y no es el que dentro de mi mente quisiera que fuera.  

Mi vida está marcada por cinco etapas: Los amigos del barrio -de infancia-, los amigos del colegio, los amigos del Instituto Peruano Soviético, los amigos de la universidad y los que he conocido en éste país. Personas a las que recuerdo con mucho aprecio, con el sentimiento del hermano lejos, amigos para los que siempre deseo lo mejor, aunque a algunos lleva muchísimo tiempo que no los he vuelto a ver.

   Después de seis años decidí participar de la procesión del Señor de los Milagros que mis coterráneos en éste país también celebran al igual que en el Perú. La intención de asistir a ésta ceremonia litúrgica no era solamente la de socializar sino que guardaba la esperanza de reencontrarme con un ex compañero de aula, en la etapa de los estudios secundarios. Así ocurrió ése domingo por la tarde.

   Junto a su familia se encontraba mi antiguo amigo del colegio, Johnny Sampe.Emocionado me acerqué y con un efusivo abrazo nos saludamos. Me presentó a su esposa y sus menores hijos, lo acompañaba su hermano -compañero de estudios de mi hermano menor durante diez años- y familia.

   Empezamos la charla hablando de cómo nos venia tratando Japón; de los planes para el futuro; de los hijos y algunos temas anecdóticos. Poco a poco empezamos a recordar a los amigos del colegio, las bromas y de con quiénes nos habíamos vuelto a reencontrar; así fue como volví a saber de la promoción. Dentro de todas las cosas nuevas que me contó hubo una que me fulminó, una que fue directo al corazón. ¿Te acuerdas de Raúl?”, me preguntó. “¡Claro!.. mi hermano”, respondí. “MURIO”, fue el comentario final. En ese instante sentí un frío intenso recorrerme por dentro, la gana inevitable de sentarme y un dolor profundo en el alma. Conversamos unos minutos mas y nos despedimos con la promesa de una visita mía a su casa.

   Mas o menos a las cinco y treinta de la tarde, terminada la ceremonia, fui en busca de mi auto, llevaba un gran nudo en la garganta, encendí el coche y partí rumbo a casa por la calle principal. Puse música alegre, quería relajarme, distraerme, olvidar por un momento lo que me acababa de enterar… fue inútil. Mi cabeza empezó a recordar mil y una aventuras junto a mi gran amigo Raúl. Me pasé peligrosamente una luz roja. Mi fortaleza emocional se quebró y empecé a llorar en voz alta. Estacioné el coche en un lado de la pista por que las lágrimas me impedían toda visibilidad. Transcurridos unos minutos nuevamente inicié el regreso a casa. Fueron interminables cuarenta minutos.

   Ya en casa continué con los recuerdos y el llanto, quedándome dormido hasta el día siguiente. Así estuve dos días, aceptando a cuenta gotas la trágica realidad.

   Yo daba por echo que a mi regreso al Perú me volvería a encontrar con Raúl y que nos iríamos a comer una gran fuente de cebiche, además nos daríamos tremenda borrachera tan igual como en los tiempos de adolescencia en alguna playa chimbotana, la diferencia sería que ésta vez yo pagaría todo…Ya no será posible el reencuentro, tan solo resultan los recuerdos y su tumba para poder visitarlo.

   En la muerte volveremos a abrazarnos amigo Raúl.

 

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