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Posts Tagged ‘historias’

A todos los lectores de este modesto contador de historias les hago saber la dirección de mi nuevo blog:

http://malecongrau.blogspot.com

Nuevos relatos que esperan sus comentarios.

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Amor FicticioCuando era joven tenia una divertida manía, cada vez que subía al autobús para trasladarme a la universidad, ir de visita a la casa de un familiar o para encontrarme con la enamorada, me gustaba buscar dentro de los usuarios femeninos el rostro más bonito, el que parecía estar más triste o alegre, la elegida podía ser joven o algo mayor, la observaba todo el tiempo que demoraba el recorrido del transporte público mientras en mi cabeza se iba tejiendo toda una historia de amor, el libreto mental que en ese espacio de tiempo creaba mi cerebro llevaba diálogos, risas, lágrimas y algunas veces pequeñas broncas; el resultado de todo esto fue una serie de cuadernillos con hojas cocidas a mano lleno de poemas…

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recien nacido fotoCuando se es joven uno siente que  tiene el mundo en un puño, pensamos que todo es divertirse, enamorarse y ser feliz. Pero los años nos empiezan a caer encima y con ellos un sin fin de nuevas responsabilidades vienen a llenar aquella maleta que nos toca cumplir en la vida. Muchas veces el temor a lo desconocido, la inexperiencia, conlleva a que se tome decisiones erradas que después se quisieran corregir, es en ese momento cuando se toma conciencia que una vez cruzado el puente de la adolescencia, juventud y el ser adulto ya no hay marcha atrás.

Para ser feliz hay que cerrar ciclos porque de lo contrario nos sentiremos incompletos, inconformes con nosotros mismos… 

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atardecer1El ímpetu de aquellos besos llenos de fogosidad nos hizo vulnerables a las ordenes excitantes del deseo, desbordándose en ambos el copioso afluente liquido seminal. Sus ojos marrón claro y los míos habían dejado de ser los de una pareja latina, eran dos líneas horizontales de un rostro oriental; ambos sonreíamos. “Te amo”, me dijo. Yo guardé silencio, observabandola fijamente, tratando de perpetuar su rostro juvenil en mi memoria. “Te quiero”, la escuché decir, yo solo la abracé. Dejamos transitar unos minutos, luego nos pusimos de pie, nuevamente nos abrazamos; el diminuto bikini amarillo cubriendo su húmedo sexo se unió a mi húmeda sunga. Abrazándola la besé a la vez que le decía “nunca te olvidaré”…

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papa-noelLlega una fecha importante para el mundo cristiano y para los agnósticos: los primeros celebran el nacimiento del hijo de Dios, y para los segundos es una fecha de celebración por el reencuentro familiar. Una hermosa tradición en la que se le rinde homenaje al amor. Padres e hijos vuelven presurosos a casa para reunirse y entrelazarse en emocionados abrazos. Villancicos, bombardas, el arbolito vestido de luces, el nacimiento (Belén), los panetones, el aroma del chocolate invadiendo pulmones y cada rincón del hogar; el espíritu navideño tomado por asalto el recinto familiar.

Después de la misa de las 12, sentados, todos juntos, alrededor de la mesa, recordando al familiar ausente, dejando una silla vacía, brindando, alzaran sus copas, y al tintinar otra copa les responderá ¡Salud desde la distancia!…

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Cuando la conocí éramos bastante  jóvenes, con historias diferentes pero con un sentimiento similar, escondido frente a los demás. Sus ojitos rasgados se achinaban mas cuando sonreía, me gustaba escucharla reír, ver como el viento jugueteaba fácilmente con su cabellera suave y lisa.  La primera vez que la vi fue en la casa de mi madre, no dije una sola palabra, solo la observe, me admiro su belleza.

 

Era menor que yo -en edad- y ya llevaba la responsabilidad de tres hijos, yo un estudiante universitario. A escondidas la visitaba para evitarle los comentarios que se pudieran tejer por ser madre soltera. Le gustaba oír mis historias, me pedía consejos, bromeábamos, dedicábamos nuestro momento de solaz para ser amigos; el tiempo era escaso para estar juntos. Infinidad de veces salí de su hogar,  distante de la ciudad, muy avanzada la noche, para aguardar la llegada del taxi, mientras el fuerte viento golpeaba mi espera.

 

Muchas reuniones compartimos en casa de sus padres, junto a sus hermanos, quienes a pesar de su descendencia directa de la raza china llevaban muy dentro del alma y el corazón la música peruana. Cogían la guitarra y a golpe del cajón empezaban la jarana criolla (fiesta). Su familia y la mía era un álbum de bromas de doble sentido que jamás rozaron con la grosería.

 

Así como se entero que ya tenia una hija también supo que era inevitable mi partida a este país (Japón), se hizo mutua la tristeza. Pasaron los años y nuestra comunicación fue escasa, frágil, distante hasta que un buen día me entere que también se venia a esta isla del continente asiático.

 

¡Javier! ¡Javier!teléfono me avisó la secretaria, sin sospechar quién, respondí, era ella al otro lado del auricular, tenia pocos meses de haber llegado y me llamaba a la fabrica, la emoción fue considerable. Luego continuaron las cartas, hasta que empezamos a mudarnos de vivienda repetidas veces, como gitanos latinos, y nuevamente se perdió la fluida comunicación. Ella vivía en Tokio y yo en Nagoya.

 

Fue el año pasado que logre obtener su nuevo numero de teléfono, sin darle turno a la duda la llame, conversamos dos horas, emocionados nos contamos de lo nuevo que había acontecido en nuestra vida, en todo el tiempo que estuvo ausente el dialogo. Fue como me entere que se había casado, que era feliz con su esposo japonés, que sus hijos se encontraban bien, que estaba un poco enfermita de los huesos y además sufría de otras dolencias por lo que cada mes asistía al hospital para realizarse un tratamiento riguroso.

 

Le hable de mi vida sentimental; de una hermosa joven universitaria –mi hija-; que me encontraba sin trabajar un mes, inmediatamente prometió hablar con el dueño de su centro de labores para que me admitiera; enviaba mensajes al móvil o llamaba para saber como me encontraba, se convirtió en mi hermana. En el mes de abril volvimos a charlar por teléfono, fueron mas de tres horas y media, nos reímos mucho, me aviso que viajaba a la tierrita para visitar a su familia. A su regreso al Japón me contó de lo bien que le fue por la patria. Gracias a los mensajes de texto nuevamente nos mantuvimos comunicados hasta  hace dos meses que no volví a tener respuesta a mis correos desde el móvil.

 

Hoy martes, por la mañana, mi hermana llama desde los Estados Unidos para informarme que mi buena amiga ha fallecido; fue su familia en ese país quien le dio la infausta noticia. Conocedora del cariño y respeto que como amigo siempre le tuve conmovida me detallo lo sucedido.

 

¿Qué esta pasando? ¿Por qué tan jóvenes mis amigos me adelantan en el viaje eterno? ¿Quién es el próximo… seré yo?

 

Ana Maria Choy  Wong, “chinita”, descansa en paz y contigo parte de mis bellos recuerdos.

 

La amistad esta de luto.

 

Tu opinión es importante.

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Japón por estos meses se vuelve un país gélido, a pesar que llevo más de una década radicando en el archipiélago asiático mi cuerpo aún no ha logrado aclimatarse. Ya se me pegó la gripe y de seguro me acompañará por muchas semanas, razón por la cual debo tomar algunas medidas de prevención y poder controlar el malestar que suele generar esta menuda enfermedad.

 

La mayoría de hogares tienen un calentador de agua conectado a la tubería que se une con el grifo de la cocina – funcionan con gas – pero en mi casa – como buen  soltero – dicho aparato brilla por su ausencia. Es justo en éste mes de diciembre, cuando lamento no haber solicitado su instalación. El agua sale tan fría que bastan dos segundos para que las manos duelan insoportablemente, especialmente por la noche cuando la temperatura desciende a 3 o 5 grados centígrados.

 

La solución que encontré para superar este descuido, y no terminar convirtiéndome en un oso polar o en el hombre de hielo, es calentar dos litros de agua, vaciar un poco en una pequeña tina de plástico para lavarme el rostro, luego otro tanto para la higiene bucal. Por suerte el ofuro (pequeña bañera) si cuenta con el calentador de agua. El problema lo tenia para lavar los trastos de la cocina, esto lo superé usando un par de guantes de lana dentro de otros de jebe. Todo marchaba bien hasta que se me agujereó.

 

El día miércoles de la semana pasada, por la tarde, de regreso a casa, pasé por la tienda que ofrece todo a 100 yenes – mas barato que una  lata de cualquier bebida gaseosa – recordé que necesitaba el bendito guante. Ingresé al local y al unísono un coro de voces femeninas saludó mi llegada con un sonoro ¡Bienvenido!. Un lugar sumamente limpio, extremadamente ordenado, bastante iluminado, y con un derroche de amabilidad, sonrisas y atenciones por parte de las damitas niponas.

 

Lo primero que vi al abrirse las puertas automáticas fueron los adornos alusivos a la navidad, tanto a mi izquierda como a mi derecha los Santa Claus, las campanitas, los arbolitos, las coronas, estrellas y todo lo que se necesita para estas fiestas allí se exhibían; avancé unos pasos, esta vez a mi izquierda se mostraban los útiles de escritorio, y a mi diestra los artículos de tocador. Giré a la derecha y caminé unos diez metros hasta que me topé con el sitio donde se encontraban los guantes de jebes. Frente a mí tenia una variedad de colores, tallas y marcas, elegí un par de color celeste; me apersoné a la cajera, cancelé (saldar, pagar) y me marché rumbo a casa.

 

Ya en mi “cueva”, sobre la mesa de la cocina dejé mi nueva compra. Calenté agua en el ofuro y me di un relajante baño. Mientras los músculos aflojaban dentro del cálido liquido cantaba una composición “mía de mi” dedicada al amor. Una vez terminada la operación higiene personal vestí la sudadera que suelo usar dentro de casa. Siempre de buen humor me dispuse a abrir la bolsa de los guantes de jebe, cuando: “¡Carajo!… ¿Que coño es esto?” “¿Cómo dicen que en Japón todo es perfecto?… ¡No jodan! Resulta que al interior de la mencionada bolsa había dos guantes izquierdos. “Mañana verán estos despistados”, afirmé con voz amenazante.

 

Al día siguiente volví al local con el pecho hinchado como pavo navideño, llevando mil frases en la cabeza para despotricar contra la primera persona que se me pusiera enfrente, según yo reclamaría mi justo derecho como cliente ofendido. No me importó el gentil saludo con el que me recibieron, me dirigí raudo a la cajera. Ella estaba de espaldas, al oír mi saludo giro con suavidad, yo estaba listo para disparar mi perorata pero quede mudo; era una jovencita muy guapa – de la edad aproximada de mi hija -, sonrió y con mucha amabilidad me pregunto que deseaba – ¿Cómo podía ser grosero con quien podría ser mi hija? -, le explique:

 

   Ayer vine y compré estos guantes, pero resulta que ambos son izquierdos.

   Déjeme ver… ¿Cuál es el problema? – sonrió.

   Es que yo necesito uno para cada mano y al parecer se equivocaron – manifesté.

   No señor… acá está escrito que ambos son izquierdos – señalándome el kanji (letra).

   ¡Huyyy!…disculpe. – respondí avergonzado al reparar mi error.

   ¿Desea otro par para la mano derecha?

   Si por favor – en ese momento pensaba “trágame tierra”.

   Sígame por favor…

 

Juntos fuimos al lugar donde estaba la cantidad variada de guantes. Cogió una bolsa y señalando el kanji que significa derecho me lo ofreció, al recibirle le pregunte cuál era el otro kanji que significaba para ambas manos, cogió otra bolsa y me lo mostró.  Haciendo una reverencia le agradecí, ella me respondió con otra reverencia acompañada de una bonita sonrisa y se retiró. A solas empecé a sudar de vergüenza recordando todo lo que había pensado en mi apato (departamento)  por no haber leído lo que estaba escrito. Fui nuevamente donde la cajera y pagué calladito.

 

Una vez fuera del local caminé rápidamente hasta mis aposentos, tan veloz como quien tiene diarrea y precisa de un baño urgentemente. Vaya todo el problema que me armé y, solo había sido cuestión de lectura.

 

guantes-2

Tu opinión es importante.

 

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