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Posts Tagged ‘Madre’

Dorita fue la madre de mi madre, la mujer a quien más amé y admire en este mundo. Cuando ella alzo vuelo en su viaje sin boleto de retorno, acá en esta gran estación llamada tierra, toda la familia nos quedamos llorando tanto como ella lloró y lamento mí partida al Japón. Por estos días la he vuelto a recordar con insistencia, con amor, añorando los tiempos de pobreza en donde ella brillaba mucho más que el oro, y era una gran joya entre tantas piedras…

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Caminé, caminé…

Sentí calor pero no alcancé a ver sol.

Se hizo de noche…

todo estaba claro pero no pude ver la luna.

Estornudé muchas veces

como sintiendo alergia por la vida.

 

Tu ausencia me ha desconectado de éste mundo.

Los días me llevan al pasado.

El insomnio gobierna mis noches.

Mis labios repiten una letanía de lamentos

por no haber vuelto pronto a tu lado.

 

Mami Dorita…

¡Te amo!

Qué es más que quererte

pero también te quiero igual como te amo.

 

Mami Dorita…

¡Te extraño mucho!.

Tanto como te amo y te quiero.

 

¡Mami, mamá Dorita!

¡Linda, viejita linda!

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Adios Mami Dorita.

En el cielo brilla una nueva estrella, acá en la tierra un nuevo ángel nos acompaña. Tenía carita redonda y sonrisa infantil. Nunca se avergonzó de ser analfabeta, supo hacer de aquello una virtud. No tuvo profesores que le enseñaran lo que muchos conocemos pero sin embargo de la vida todo lo aprendió y generosamente lo compartió con todos. Apenas medía un metro cincuenta centímetros, de cabellera ondulada que no conoció de canas hasta después de los sesenta años, tenía el carácter y la fuerza de un varón pero también la dulzura de una hada madrina. Solía conversar con su Dios pidiendo por nosotros, la familia, amistades y animales, tanto que de su bondad se enamoró y decidió llevársela con él. Mami Dorita, linda viejita, linda!

 

    Era mi abuelita materna. Dicen que la vida nos da una segunda oportunidad para ser buenos padres cuando se tienen nietos, les puedo jurar, que ella fue buena madre conmigo. Llegó a éste mundo un primero de Noviembre (Día de los muertos o de todos los santos) y se marchó el primero de Mayo (Día del trabajo), fechas importantes en el calendario occidental, tan especiales como ella. Ya es parte de todo: del aire, de la tierra y del mar. Alguna vez leí a un filósofo que decía: “La muerte empieza al nacer”. Siguiendo aquel enunciado debo concluir que mi viejita dejó de morir para ser eterna, eso me da tranquilidad. “La persona verdaderamente muere cuando dejamos de recordarla y permitimos que se evapore de nuestro corazón”, es lo que pienso.

   

    De los muchos recuerdos hermosos que tengo con ella, hay uno que me hace súper feliz, siempre antes de salir para la universidad solía besarla en la frente, cerraba sus ojitos, sonreía y su rostro se iluminaba de inocencia. Probé de sus manos el rigor de unos golpes bien ganados. De ella recibí las caricias que en otro techo me negaron.

 

Dorita es difícil evitar no llorar al recordarte, es imposible ser coherente con lo que escribo, es duro aceptar que ya no volveré a verte.”

 

    Se supone que éste año volveríamos a encontrarnos después de mas de una década, desde aquel día que con tu bendición me vine al Japón. Tenía la ilusión que vieras que aprendí a cocinar y saborearas mi sazón,  de que fuéramos a pasear, de contarte como me fue por éstas tierras, de que me dijeras: “te pareces a mí”. Deseaba tanto cogerte de las manos. Me contó mi madre que no te velaron en casa, tuvieron que llevarte a un amplio local por la cantidad de gente que se acercó a despedirte. Te rindieron honores como a las grandes mujeres. Tus mascotas (dos perros) aparecieron de pronto en donde descansaban tus restos para hacer guardia frente a tu féretro, ladraron a todos, tampoco aceptaban que ya estabas ausente.

     

    Así era Dorita. Así fue Dorita conmigo. Así es como me siento Dorita. Así es como te recuerdo Dorita.

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